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    Las mejores frases de Mary Shelley

    En Casa del Libro hemos reunido en este artículo las mejores frases de Mary Shelley, la conocidísima autora de Frankenstein. Un compendio de ideas que van desde su opinión sobre la ciencia hasta el freno que supone siempre el miedo. Pero lo primero que queremos hacer es explicarte en profundidad quién era esta autora y cuál fue su importancia en la literatura universal.

    ¿Quién fue Mary Shelley?

    Mary Shelley (1797–1851) fue una de las escritoras británicas más conocidas de todos los tiempos, gracias a su principal novela Frankenstein (1818), una obra brillante que no solo se considera como una de las cumbres del Romanticismo, también supuso un pistoletazo de salida para la ciencia ficción.

    La escritora nació en Londres, y su nombre completo era el de Mary Wollstonecraft Godwin. Fue la hija de dos intelectuales de gran calado en la cultura de la época. Por un lado, la filósofa feminista Mary Wollstonecraft, y por otro el pensador político William Godwin. Como te podrás imaginar, eso favoreció que disfrutara de un ambiente muy intelectual durante su infancia y años de formación. De esta forma, Shelley convivió desde pequeña con ideas revolucionarias y de vanguardia.

    Con apenas 17 años inició una relación con el poeta Percy Bysshe Shelley, con quien vivió todo tipo de desgracias familiares y aventuras intelectuales, al mismo tiempo que viajaban por Europa. De hecho, formaron parte del círculo de autores románticos, con nombres tan emblemáticos como Lord Byron.

    Aunque es especialmente conocida por haber sido la autora de Frankenstein, Mary Shelley creó otras obras como Mathilda o El último hombre. Su legado como escritora sigue vivo hoy en día, por eso se trata de una autora tan leída y admirada.

    Descubre las mejores frases de Mary Shelley

    Una vez que hemos entendido el contexto de esta autora, llega el momento de internarnos en su mente, su literatura y sus ideas.

    «Nada contribuye a tranquilizar la mente como un propósito firme, un punto en el que pueda el alma fijar sus ojos intelectuales».

    La vida puede ser demasiado confusa y compleja en algunos momentos. Por eso, lo que más nos ayuda a orientarla y a darle un sentido es contar con un propósito claro que fije qué es aquello que queremos hacer. Y es que, cuando sabemos a dónde queremos llegar, todas nuestras dudas y decisiones se van aclarando de forma casi natural. Solo hay que tener claro el objetivo para resolver la mayor parte de nuestras inquietudes.

    «¡Cuán extraña es la naturaleza del saber! Se aferra a la mente como el musgo a la roca».

    El conocimiento científico es algo que puede afectarnos profundamente, e incluso podríamos decir lo mismo del filosófico. En verdad, quien busca saber cosas y termina por descubrirlas, rara vez las olvida. Ese es uno de los dones de la ciencia, que nos ofrece algo totalmente imborrable que puede permanecer para siempre a nuestro lado.

    «La contemplación de la grandiosidad de la naturaleza siempre confirió nobleza a mis pensamientos, haciendo que olvidara las preocupaciones cotidianas».

    Hay un bálsamo natural en el mundo que está siempre esperándonos. Ya sea contemplar la inmensidad del océano, internarnos en un bosque denso o perder la vista en un paisaje hermoso. La naturaleza tiene la capacidad de funcionar como anestésico para nuestros nervios, nuestras dudas y problemas. Eso es lo que quiere decir Shelley en esta frase.

    «Amo la vida, pese a que no es más que un cúmulo de angustias, y la defenderé».

    Una autora romántica estaba más que familiarizada con las ideas más pesimistas de la existencia. Sin embargo, eso no la llevó a aborrecer la vida, ni mucho menos. Con esta sencilla máxima deja muy clara su postura. Aunque la vida esté tan llena de sinsabores y de tristezas, es lo que tenemos, y por eso ella se vuelca en amarla. Es una decisión clara de aceptar la existencia con sus puntos positivos y también con los negativos.

    «Sin embargo, ¡Cuántas cosas estamos a punto de descubrir si la cobardía y la dejadez no entorpecieran nuestra curiosidad!».

    Los seres humanos tenemos un freno claro y evidente, se trata de nuestra propia cobardía. Muchas veces no nos atrevemos a dar el paso, a intentar llegar a algún punto, descubrir algo nuevo y cambiar nuestra vida. No es una cuestión de falta de voluntad. Es a causa del escaso valor que conseguimos reunir para romper con las barreras que nos atenazan.

    «Yo en cambio llevaba un infierno dentro de mí, y nadie podría arrancarlo jamás».

    A Mary Shelley se la considera una de las grandes autoras del Romanticismo por frases como esta. En una sentencia tan sencilla y tan hermosa no solo refleja a la perfección la intensidad natural de los románticos, también su inmenso talento literario que, muchas veces, se aproximaba a lo poético.

    «Ten cuidado, porque no tengo miedo y eso me hace poderoso».

    La autora de Frankenstein tuvo tiempo de reflexionar acerca de aquello que el miedo significa para las personas. Aquí vemos cómo llega a una conclusión clave: el miedo es el principal freno que nos impide aventurarnos en lo que hayamos decidido. El miedo es un freno, y no sentirlo supone gozar de un poder único.

    «El ser humano que quiere alcanzar la perfección debe mantener la serenidad y la calma, sin permitir que una pasión o un deseo circunstancial se entrometa en su espíritu».

    Los ideales nos conducen, la mayoría de veces, a destinos y a circunstancias extrañas. Esta frase habla sobre la conocida búsqueda de la perfección, y cómo esta parece relacionarse con las ideas tanto del budismo como del estoicismo. Quien quiera ser perfecto tiene también que ser imperturbable.

    «Te juro que hubiera preferido permanecer siempre en la ignorancia. Antes eso que descubrir la ingratitud y la depravación de una persona tan querida por mí».

    Una de las obsesiones de la autora era la ciencia y también el conocimiento. Al fin y al cabo, esta fue el telón de fondo para su novela más famosa. Ahora bien, como ella misma admite en esta frase, muchas veces resulta mejor no saber, cerrar los ojos e ignorar lo que pasa alrededor. Especialmente cuando lo que tenemos alrededor es algo tan terrible.

    «No deseo que las mujeres tengan más poder que los hombres, sino que tengan más poder sobre sí mismas».

    El compromiso feminista de Mary Shelley, como el de su madre, fue uno de sus elementos más interesantes a nivel intelectual, y esta frase resume a la perfección sus ideales y sus objetivos. No buscaba una mujer con más derechos que los hombres. Buscaba una mujer con más poder y más libertad, para que la viviese como cada una quisiese.

    Las mejores frases de Mary Shelley son solo una muestra del inmenso talento literario de esta curiosa escritora. Lo verdaderamente interesante, como sucede siempre, se encuentra en sus libros. Nosotros te invitamos a descubrirlos y a dejarte llevar por la imaginación de una de las mejores autoras de todos los tiempos.

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