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    Mejores frases de Francisco de Quevedo

    Francisco de Quevedo es uno de los grandes autores de la literatura española de todos los tiempos. Por eso, no es de extrañar que las frases de Quevedo constituyan un legado que todavía perdura en nuestra memoria y en nuestra cultura, y aquí te hemos querido traer las mejores. Pero, antes de empezar, vamos con un poco de historia.


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    ¿Quién fue Francisco de Quevedo?

    Francisco de Quevedo y Villegas nació en Madrid, en 1580, y falleció en Villanueva de los Infantes, en el año 1645. Fue un destacado escritor español del Siglo de Oro, reconocido por su aguda sátira y por su capacidad de escritura filosófica y conceptual. Aunque se le conoce especialmente como poeta, también trabajó otros géneros, como la narrativa e incluso la filosofía.

    Nació en una buena familia, aunque quedó huérfano de padre a temprana edad. Fue un aplicado estudiante y cursó estudios universitarios en Valladolid, donde adquirió fama como poeta y comenzó su rivalidad con Luis de Góngora. ​

    En 1606, Quevedo se trasladó a Madrid, donde continuó sus estudios de teología y estableció una relación con el duque de Osuna. Durante años, mantuvo una intensa vida política como acompañante y amigo del Duque. Aunque su faceta más conocida es la de literato.

    No en vano, se le considera uno de los grandes españoles del Siglo de Oro, la época más fecunda de las letras españolas. Especialmente su poesía le ha servido para consolidarse como una leyenda.

    Descubre las frases de Francisco de Quevedo más famosas

    Vamos a conocer algo más de cerca su obra. Descubre aquí cuáles son las frases más interesantes que ha escrito:

    «El amigo ha de ser como la sangre, que acude luego a la herida sin esperar a que le llamen.»

    Una primera frase en la que podemos apreciar a la perfección la capacidad que tenía Quevedo como poeta de crear imágenes y de dotarlas de una fuerza y una sensibilidad únicas. Aquí, nos recuerda lo mejor que tiene la amistad: su don de impulsividad.

    «El valiente tiene miedo del contrario; el cobarde, de su propio temor.»

    Se ha escrito mucho sobre el miedo, pero nunca con tanto acierto como en este caso. Aquellas personas más temerosas son las que también se crean los mayores monstruos en la cabeza. Y es que el miedo es algo mucho más oscuro e inmenso en nuestra mente que en la realidad. Saber lidiar con esas creaciones nos definirá o bien como valientes, o bien como cobardes.

    «Los que de corazón se quieren, solo con el corazón se hablan.»

    El lenguaje del amor y de la pasión tiene sus propios códigos. Uno de ellos es el de crear una transparencia absoluta. Los enamorados solo pueden hablarse con ojos, gestos y palabras de enamorados, esa es la ley que enuncia aquí Quevedo.

    «Siempre hay quien ponga malos nombres a la virtud, más siempre son los que no merecen conocerla.»

    Las malas lenguas siempre tratarán de tachar a los que hacen bien las cosas. Con esta elegancia y esta capacidad conceptual analiza Quevedo ese hecho en esta frase.

    «No es dichoso aquel a quien la fortuna no puede dar más, sino aquel a quien no puede quitar nada.»

    Aunque esto no es de lo más conocido del autor, lo cierto es que Quevedo siempre ha tenido un perfil de pensamiento filosófico que se nutría mucho del estoicismo. Esta frase es el perfecto ejemplo de ello. La moraleja que nos lanza es bien simple: el más rico no es el que más tiene, sino el que menos necesita.

    «El amor es la última filosofía de la tierra y del cielo.»

    El amor tiene una capacidad mística incomparable. El autor del Siglo de Oro nos lo recuerda aquí haciendo referencia a un hecho fundamental: su sentido último escapa por completo de todo lo que hay en la realidad y en la imaginación.

    «Lo mucho se vuelve poco con desear otro poco más.»

    Volviendo a su carácter estoico, podemos encontrar aquí una frase perfecta que refleja ese carácter más resiliente de Quevedo. Es, al final, un pensamiento muy filosófico: podemos pasarnos la vida entera deseando y deseando, sin dejar jamás de hacerlo. La forma de no desear no es teniendo, sino evitando.

    «Todo lo cotidiano es mucho y feo.»

    Una frase breve y muy poética que nos habla sobre lo rutinario, sobre aquello que vemos en el día a día. Al final, lo normal es enemigo de lo sublime, y las grandes cosas poco o nada tienen que ver con lo verdaderamente bello e increíble.

    «Soy un fue y un será y un es cansado…»

    No debemos olvidarnos, a la hora de leer la obra de Quevedo, que nos enfrentamos a uno de los grandes poetas españoles de todos los tiempos. Con este pequeño verso, lo demuestra y lo confirma. Su poesía es densa, y dentro de ella no te será difícil encontrar muchas otras joyas como esta.

    «Una sola piedra puede desmoronar un edificio.»

    A veces hace falta muy poco para que algo tremendamente grande caída. Esta ingeniosa observación nos confirma que Quevedo era un gran conocedor del alma humana y de la realidad del mundo.

    «El consejo, bueno es; pero creo que es de las medicinas que menos se gastan y se gustan.»

    A la hora de reflejar el carácter humano, Quevedo siempre tuvo un punto de observación muy cínico e interesante. En este caso, nos legó una aguda frase que no ha perdido ni la más mínima vigencia.

    «La soberbia nunca baja de donde sube, pero siempre cae de donde subió.»

    El ingenio de este autor queda patente en esta frase tan interesante. La soberbia siempre aumenta, hasta que algo la hace desmoronarse. Un buen recordatorio que no debemos olvidar.

    «Creyendo lo peor, casi siempre se acierta.»

    Como muchos otros poetas, Quevedo mantuvo siempre un aire triste y pesimista en sus escritos. Aquí refleja a la perfección ese punto de desconfianza hacia el género humano, y esa creencia intrínseca en él de que todo tiende siempre al peor desenlace posible.

    «No hay cosa que más avive el amor que el temor de perder al ser amado.»

    Y terminamos con una de esas frases que son toda una lección de vida por parte de Quevedo. La posibilidad de perder algo o a alguien provoca siempre que valoremos más y mejor aquello que tenemos. Nada como el miedo para que el amor resurja.

    Ahora que ya conoces algunas de las mejores frases de Quevedo, solo te resta lanzarte a leer en profundidad toda su extensa y profunda obra. ¿Tienes alguna preferencia? ¡Seguro que puedes encontrarla con facilidad en nuestro catálogo!

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