Hoy vamos a rescatar las mejores frases de Jane Austen, una de las novelistas más interesantes de la literatura europea. Ya verás que en estas citas se dan mano la originalidad y la capacidad de entender de una manera profunda la naturaleza humana. Si estás preparado, ha llegado el momento de descubrir a una autora única.
Leer o escuchar, tú decides. Ahora este post también está disponible en audio.
¿Quién era Jane Austen?
Jane Austen fue la principal novelista británica de la época georgiana. Nació el 16 de diciembre de 1775 en Steventon y murió relativamente joven, a los 41 años, el 18 de julio de 1817 en Winchester.
Los orígenes de Jane Austen son particularmente interesantes. Fue la menor de ocho hermanos, y provenía de una familia perteneciente a la baja nobleza rural. Su padre fue clérigo anglicano, lo que facilitó que sus hijos tuviesen acceso a la educación y a la cultura. Este aprendizaje fue clave para que Jane Austen desarrollara desde muy jovencita un apasionado interés por la literatura.
De hecho, empezó a escribir relatos, parodias y hasta pequeñas obras de teatro siendo prácticamente una niña. Su estilo es uno de los más reconocidos de la época, y es que no solo hacía alarde de una extraordinaria capacidad prosística. También dotaba sus textos de agudas e irónicas observaciones que la convirtieron en una de las autoras más influyentes de Inglaterra.
Aunque no consiguió el reconocimiento actual en vida, obras como Orgullo y prejuicio o Sentido y sensibilidad se han ganado un hueco dentro de la historia universal de la literatura como títulos imborrables que cualquier lector sigue apreciando hoy en día.
Descubre las mejores frases de Jane Austen
Después de una introducción así, solo nos queda desearte que disfrutes de una escritora tan especial como esta.
«Nuestras cicatrices nos hacen saber que nuestro pasado fue real».
A veces cuesta encontrar el sentido que tiene una herida, y por eso en tantas ocasiones cuestionamos nuestras decisiones (especialmente las malas). En esta frase, la genial escritora nos recuerda que las caídas, las equivocaciones y el sufrimiento que hemos vivido han servido para recordarnos nuestra existencia y todo lo que hemos vivido.
«No hay nada que no haría por aquellos que son realmente mis amigos. No tengo noción de amar a las personas a medias, no es mi naturaleza».
Hay dos elementos especialmente interesantes en esta frase. Para empezar, la importancia que una autora como Jane Austen da a una relación como la amistad. Lejos de priorizar el amor romántico, ella entiende que este sentimiento puede estar presente en muchos otros vínculos. Y, por otro lado, nos anima a amar sin límites. A lanzarnos como paracaidistas para vivir la emoción más bonita que existe.
«La vanidad y el orgullo son cosas diferentes, aunque las palabras se usan de forma sinónima a menudo. Una persona puede ser orgullosa sin ser vanidosa. El orgullo se relaciona más con nuestra opinión de nosotros mismos: la vanidad, con lo que nos gustaría que otros pensasen de nosotros».
Este pequeño párrafo encierra una perfecta lección de psicología. El orgullo y la vanidad son dos conceptos que a menudo llegamos a confundir. Por eso es tan importante tener una distinción tan clara, lúcida y sencilla entre ambas.
«He sufrido los castigos del amor sin disfrutar de ninguna de sus ventajas».
Nadie duda de algo tan sencillo como el hecho de que el amor tiene dos caras. Por un lado, se presenta como una emoción intensa, pura y que todos buscamos. Pero, por el otro, se trata de algo que puede hacernos sufrir. Y mucho. En esta frase, Jane Austen nos deja claro cuál de las dos caras ha podido ver ella: la de los celos, la tristeza y el desencanto.
«Quizás son nuestras imperfecciones las que nos hacen tan perfectos el uno para el otro».
En el amor no siempre se busca lo que mejor pueda funcionar con nosotros. A veces son los defectos del otro los que de verdad encajan con nuestra forma de ser. Y es que muchas veces nos creemos la falsa idea de que tiene que haber una media naranja perfecta para nosotros. Lo cierto es que todos nosotros somos seres imperfectos, y tenemos que aceptarnos y querernos así.
«Deseo, al igual que todos los demás, ser perfectamente feliz; pero, como todos los demás, debe ser a mi manera».
Esta frase, tremendamente lúcida e interesante, nos sugiere una idea clave, que también atraviesa parte del pensamiento y de la obra de Jane Austen. La felicidad no es igual para todo el mundo, porque no todos valoramos las mismas cosas. Y precisamente por este motivo, no todos actuamos ni buscamos lo mismo. Perseguir la felicidad no significa que todos estemos embarcados en una misma dirección.
«Desear era esperar y esperar era esperar».
La vida no está hecha para cumplir todas las promesas que nos hacemos a nosotros mismos. Esa es la triste verdad que se esconde detrás de esta bonita frase. A veces buscamos lo que no vamos a encontrar jamás. Por lo tanto, en ocasiones simplemente buscamos algo que nos lleva a esperar y a esperar. Y, en la mayoría de ocasiones, a no encontrar.
«La distancia no es nada cuando uno tiene un motivo».
El mundo está hecho de distancias. La distancia entre dos personas, la distancia entre momentos, la distancia afectiva… Es inevitable que llegue un instante en el que nos veamos separados de aquello que de verdad queremos. Pero no hay de qué preocuparse. La distancia nunca es tan pronunciada cuando uno tiene algo que le haga soportarla.
«La mitad del mundo no puede entender los placeres del otro».
Terminamos con una frase que nos recuerda algo de lo que ya habló más arriba Jane Austen. El placer y la felicidad son siempre fenómenos muy personales, que muchas veces no sabemos ni cómo explicarlos a los demás. En este caso, ella se centra en el placer. Y es que también la forma en la que disfrutamos de las cosas de la vida es puramente nuestra, íntima, personalísima.
Hasta aquí el repaso a las mejores frases de Jane Austen. Recuerda que lo más llamativo de su talento no se encuentra en sus citas más famosas, sino en sus obras inmortales. ¡Atrévete a disfrutarlas!

Jane Austen vivió una existencia cómoda, protegida y provinciana, alejada de los grandes conflictos de su época. Durante su vida transcurrieron acontecimientos de enorme calado, como las guerras napoleónicas, el auge del pensamiento revolucionario europeo, el colonialismo británico, los inicios de la revolución industrial o el creciente malestar social de las clases trabajadoras. Sin embargo, su obra se desentiende por completo de estos fenómenos. Sus novelas nunca se preocupan por los campesinos, los sirvientes, los soldados ni por los pobres. En su mundo literario, todos parecen vivir en una burbuja de problemas sentimentales y herencias familiares. Esta ceguera selectiva es, como mínimo, preocupante si se la quiere considerar una escritora universal.