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    Cómo vivir el proceso creativo de un libro. El caso de El tigre de la canela

    Portada El tigre de la canela CON LOGO

    Jamás podría haber escrito un libro con esta trama si no hubiera sentido en mi interior las fases de la creación, si no me hubiera sumergido en algún proyecto artístico hasta tal punto de perderlo casi todo.

    La aventura comenzó en 2001, cuando pintar se convirtió en un desafío y más tarde en una obsesión, tanto que abandoné mi trabajo, mi pareja y los estudios que estaba cursando para centrarme solo en lo que sentía que debía de hacer.

    En mi primer proyecto, una exposición individual de pintura, descubrí la lucha que conlleva crear: las renuncias, el miedo, la pasión, la impotencia, la tristeza y la pobreza; pero también la alegría y las críticas.

    Con mi segunda exposición individual acentué todos estos sentimientos, que, unidos a la meditación, el yoga y a los delirios que mi mente me regalaba supuso un cambio significativo en mi carácter.

    Volver a trabajar en una oficina, dos años después, fue como una puñalada que rompió mis estudios de arte y mi trabajo personal, que en aquel momento estaba en pleno desarrollo.

    Más tarde creé mi propia empresa y, a pesar de que teníamos mucho trabajo y me sentía más libre y feliz, me faltaba algo. Quería volver a pintar, quería volver a los retratos. Los cuadros ya no se vendían como antes y ya no tenía el tiempo ni el espacio para grandes formatos, así que me incliné por la ilustración. Decidí que iba a escribir un cuento corto para ilustrarlo. Ahí comenzó el libro.

    ¿De qué escribiría? Lo tenía muy claro, del proceso de creación, de la lucha por ser artista, de las renuncias, del desconcierto, del duro camino hasta el reconocimiento y todo ello de una forma metafórica y surrealista, donde la locura, las alucinaciones, los sueños y el alejamiento de la realidad eran necesarios.

    La lucha la concebí con la imagen de un tigre de mirada fija y el sabor dulce y amargo que uno siente en el proceso de creación con la canela, pues al única especia que tiene los dos sabores a la vez.

    Se me fue la pinza y se me fue la empresa, por muchos motivos, aunque he de reconocer que a este declive ayudó mucho mi abandono en pro de lo que realmente me interesaba, que era el libro.

    Madrugaba para escribir y a lo largo del día casi solo pensaba en ellos, en mis personajes, los pintaba, les hablaba, los sentía reales y me enamoré.

    Pasaron nueve meses y, después de muchas cajas de paracetamol, le dije a mi hermana que había terminado el primer borrador y ella me preguntó ¿cuántas páginas tiene tu cuento? Y le contesté 307.

    Los siguientes cuatro años me dediqué a corregir el manuscrito y a mejorarlo, pero fue en los últimos dos años cuando el libro se consolida gracias a la intervención de mi marido Chistoph Hagel, amante de la literatura, lector convulsivo y traductor. Porque juntos hemos trabajamos la coherencia, el estilo, las frases y hemos eliminado muchas cosas que sobraban. Lo hemos hecho literario, grande. Por eso, parte del éxito de esta obra es de él.

    Es tigre de la canela es en realidad una lucha por conseguir una meta, un objetivo, un sueño, con la aceptación de un destino que puede ser dulce o amargo, pero por el que merece la pena morir.

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