El 5 de septiembre de 1970 Andréi Tarkovski escribía en su Diario: «Religión, filosofía, arte –los tres pilares sobre los que descansa el mundo– fueron inventados por el hombre para condensar simbólicamente la idea de infinito». Y tal vez sea esta también la clave para comprender el itinerario iniciático seguido por Andréi Rubliov, protagonista de la película del mismo título del cineasta ruso Andréi Tarkovski. El rostro y la vida de este monje pintor de iconos muestran su permanente nostalgia de infinito, la búsqueda de esa revelación profunda que conmueve y purifica hasta el punto de recuperar la existencia espiritual en medio de una historia que, ya en el siglo XV como ahora, mutila el alma y le hace perder la sensibilidad para lo bello y lo eterno. De hecho, el guión literario de esta cumbre del séptimo arte que es «Andréi Rubliov» se revela como un manifiesto a favor de la esperanza que el arte, el conocimiento de la verdad y el sentimiento religioso llevan consigo.
Andréi Tarkovski (1932-1986) fue director de cine y escritor, considerado uno de los más importantes e influyentes autores del cine ruso en tiempos de la Unión Soviética y uno de los más grandes de la historia del cine. A pesar de haber realizado únicamente siete largometrajes a lo largo de su carrera, interrumpida por una muerte prematura, hoy en día a Tarkovski se le recuerda por su extrema exigencia a la hora de preparar y dirigir sus proyectos, por sus teorías sobre el arte en general y el cine en particular, por su rechazo a acatar los dogmas culturales y las limitaciones ideológicas de su país, y por su fortísima personalidad artística.