El Ártico ha sido escenario de viajes épicos, pero también un santuario de vida marina. La vida sobre los hielos y bajo la superficie del mar impone unas condiciones extremas que solo organismos muy especializados han conseguido vencer. Muchos peces poseen sustancias anticongelantes en la sangre que les permiten vivir en las aguas heladas. Los mamíferos marinos adoptan como estrategia contra el frio una gruesa capa de grasa y acuden a estas aguas o residen en ellas por la gran abundancia de alimento existente. Del krill se nutren las ballenas y de los grandes bancos de peces los delfines y otros cetáceos. Las focas cuentan con numerosas especies, algunas solitarias pero otra muchas gregarias. Abundan además las aves marinas y encontramos aún una especie exclusiva de los mares polares septentrionales, el oso blanco. Incluso nuestra especie obtiene de las aguas árticas abundantes recursos pesqueros, como los bacalaos y fletanes del Atlántico o los grandes cangrejos rojos de Alaska.