No cabe ninguna duda respecto al hecho de que Charles Baurdelaire, además de poeta original, de punzante lucidez acerca de un instrumento artístico, fue pionero en reflexionar sobre la modernidad en tanto la realidad bifronte: así como en su tiempo, el de la cultura decimonónica, podían ya preveerse nuevas expresiones de la conciencia y del arte, también era obvia, para él, la implantación, a nivel de la sociedad, de una profunda fisura espiritual.
En este sentido, los textos conocidos como Diarios íntimos -en verdad anotaciones marginales, entrevisiones, ensayos en estado larval-, constituyen una inigualable introducción del pensamiento vivo de Baurdelaire. Con estas astillas y estallidos -no casualmente los títulos de ambas secciones: Mi corazón al desnudo y Cohetes- queda demostrada una vez más esa noción central de un arte logrado, aquel capaz de materializar las más personales intuiciones a la vez que de hacerse coherente con un pensamiento implícito, no siempre visible a primera vista, pero activo.
Es en la crítica a la sociedad moderna y, dentro de ella, a ciertos preconceptos acerca del escritor y la literatura, donde persiste nítida la actualidad del gran poeta francés.
Charles Baudelaire nació en París en 1821 y murió allí con 46 años, en 1867, consumido por la sífilis. Poeta maldito, de vida bohemia, se implicó en la política de su tiempo y participó en la Revolución de 1848. En Alianza Editorial están publicados "Las flores del mal", "El esplín de París", "Los paraísos artificiales" y "El Pintor de la Vida moderna".