Una mano aprieta con fuerza la tierra y la deja caer sobre su propia tumba. En ese instante transcurre la obra. Cae la tierra es una despedida a la muerte: un recorrido por la herida, el duelo, la rabia y la resistencia, desde el pulso inicial hasta un nacimiento que solo pretende orientarse para seguir. Los lugares que parecían refugio resultan vacíos, violentos y alquilados. La tierra no deja de caer, y la caída no se oculta: se grita. La obra se presenta como un archivo abierto que no se puede cerrar. El sistema falla, la historia se queda sin final y no hay botón de deshacer.