En su adolescencia, José Luis Garci practicaba el atletismo, pero era muy malo. Un día, Teodoro, utillero de las pistas de la Ciudad Universitaria, y desconocedor de las aficiones extradeportivas del joven, le miró con cara de desaliento y le dijo: "Chaval, dedícate al cine...", insinuando que corriendo no llegaría muy lejos. Esta es una de las muchas anécdotas que Garci le cuenta a Noemi Guillermo en este libro, en el que ambos mantienen una larga conversación sobre la vida y obra del cineasta.