Pese a que los aspectos más dolorosos de la maternidad acostumbran a silenciarse, Ana, la protagonista de Historias que no se contaron, narra las dificultades en su día a día como madre lectora y escritora. De manera intercalada, evoca lecturas de mujeres que escribieron sobre la ambivalencia que comporta ser madre: la búsqueda de respuestas ante el sentimiento de culpa, la conciliación entre el trabajo creativo y el doméstico, la soledad, la incomunicación... Se trata de escritoras como Lydia Davis, Lorrie Moore, Edna O'Brien, Katherine Anne Porter, Maggie O'Farrell o Barbara Comyns. De esta admirable combinación entre novela y ensayo, van surgiendo historias que han permanecido más o menos soterradas en la tradición literaria, quizá porque el canon las ha despreciado, quizá porque las que debían escribirlas no tuvieron tiempo para hacerlo.
Tres historias que exploran la intimidad, la memoria y las sombras que nos habitan