Al igual que Stefan Zweig, jamás pensé que me vería impulsado a «contar a otros la historia de mi vida». La idea se impuso, sin embargo, al estimar que mi peripecia personal y sus razones podrían ser de utilidad a otros con problemas de convivencia en la Iglesia de entonces. Consciente de la dificultad de ser juez y parte, he extremado al máximo la objetividad. En el pro...