La gran paradoja de la actual crisis econó,mica -que debiera en realidad adjetivarse financiera- es que los hombres no pueden adquirir los bienes que efectivamente han producido. En otras palabras, podrí,amos decir que nos encontramos en una situació,n de pobreza en medio de la superproducció,n. Si consiguiera anclarse firmemente esta idea en los cerebros de las gentes, se habrí,a dado el paso decisivo en el camino de la solució,n del problema. Serí,a, en verdad, el primer paso, el paso esencial, el demostrativo de que toda la llamada &ldquo,ciencia econó,mica&rdquo, no es má,s que el fá,rrago pretencioso y vacuo de un enjambre de payasos, llamados economistas, subvencionados las má,s de las veces -directa o indirectamente, a sabiendas o, má,s a menudo, sin saberlo -por los beneficiarios de la demencial situació,n que padece el mundo.En el mundo civilizado hay suficientes primeras materias, trabajo, maquinaria, mano de obra especializada, conocimientos cientí,ficos y tecnoló,gicos y, en general, riqueza suficiente para alimentar &ndash,má,s aú,n sobrealimentar- a sus habitantes. No obstante, en ese mundo civilizado se producen, regularmente, cí,clicamente, crisis &ldquo,econó,micas&rdquo,, paro obrero y su corolario