«Hay un callejón en el barrio Gótico al que no quiero volver nunca más. En ese callejón angosto, por donde no caben los coches ni el camión de la basura, tan corto que puede recorrerse en veinte zancadas, tuve la oportunidad de conocer el significado de la palabra “angustia”, de la cual poseía hasta entonces una mera idea aproximada».
La voz narradora de esta fábula urbana trabaja transportando cajas al laboratorio de perfumes de su amigo Cosme, escribe a ratos y está empezando una feliz relación con Marina, la joven de la tienda de animales de su barrio, artista aficionada y maestra de un ave carismática. Pero cuanto más brilla la luz de su romance, más oscuro y extraño se vuelve el mundo a su alrededor. Y Cosme parece cada vez más absorbido por un horrible experimento que se le está yendo de las manos. Apoteósica y sagaz, Las artes ocultas es una novela que se empieza por el principio y se lee hasta el final. Una suerte de magia verbal nos guía en esta narración compuesta de «cajas dentro de cajas», por decirlo en consonancia con la simbología de la obra, donde las cajas son un motivo recurrente. Así, la luminosa historia de un amor primerizo amenazado por las prácticas oscurantistas de la persona que lo había propiciado, se bifurca como una planta enredadera en otras historias entrelazadas que atraviesan las calles de Barcelona y van a dar al mar. Marcos Jávega ilumina regiones insólitas de la ciudad y la psique, filtradas por una lógica del absurdo, recordándonos que lo extraordinario no es algo lejano, sino que aguarda bajo la superficie a la espera del salto.
Tres historias que exploran la intimidad, la memoria y las sombras que nos habitan