La Muestra de Artes Visuales convocada y organizada por el Instituto de la Juventud cumple 25 años yeso, por sí solo, es todo un logro; me atrevería a decir que es toda una hazaña considerando nuestro contexto y si a ello añadimos el hecho que las exposiciones resultantes de los certámenes se han celebrado en diversos espacios, no han tenido sedes fijas en la mayoría de los
casos y por tanto, no ha gozado de un espacio concreto y permanente a lo largo de esa trayectoria.
Esa inusual permanencia en el panorama artístico por parte de la convocatoria de un certamen, y ese recorrido temporal resultante posibilita, entre otras cosas, una mirada retrospectiva y ofrece un diagnóstico de algunas de los aspectos que han caracterizado el panorama artístico español; las convocatorias de Injuve podrían considerarse en muchas ocasiones como catalizadoras y reflejo de ciertos problemas, situaciones, discursos, etc. que a lo largo de estos 25 años han caracterizado y se han producido en nuestro
contexto. Y en este sentido, los certámenes, que en sus últimas convocatorias fueron denominados de audiovisuales, son paradigmáticos de un escenario local y coyuntura muy concreta. A menudo claramente conscientes o excesivamente conscientes de una condición y naturaleza diferenciada, esos certámenes se convirtieron en receptáculos y plataformas de debate constantes.