El desarrollo de la ciudad de Alicante propiciado por varios elementos como el nombramiento de capital de provincia, la eliminación de sus murallas, el embellecimiento de su espacio público con paseos y plazas, y la instalación de la línea ferroviaria, que hacía más cómodo el trayecto del viajero y posible el desplazamiento de masas, permitió rápidamente la visita de multitud de forasteros. La suavidad del clima alicantino durante los meses de invierno y los beneficiosos y populares baños de mar en verano aseguraban su presencia durante todo el año.