Todos somos adictos. En mayor o menor grado, todas las personas nos guiamos por la búsqueda de determinados placeres, metas, necesidades o reconocimientos que en ningún caso nos dan la felicidad. Y nos apegamos a ellos generando una dependencia que se traduce en malestar o sufrimiento.
Daniel Cid sostiene que se puede hablar de adicción en un sentido más amplio del habitual, a partir de situaciones y estados de ánimo de los que muchas veces ni siquiera somos conscientes, y que nos pueden causar preocupación excesiva, baja autoestima, ansiedad, depresión y un sinfín de desajustes mentales. O, simplemente, que nos impiden tener una vida plena.
¿Es inevitable? Si la adicción está grabada a fuego en nuestro cerebro, ¿no hay una salida definitiva? ¿Siempre va a estar ahí, acechándonos?
Reflexiones de una mente adicta repasa las vías de escape que han encontrado los pensadores más brillantes —junto a otros menos conocidos pero no por ello menos lúcidos— en campos tan heterogéneos como la neurociencia, el budismo, las terapias o la filosofía tradicional. Y explica que sí, que hay salida: hay personas que lo han conseguido.