La experiencia concreta de felicidad y la capacidad de disfrutar el placer de comer una fruta, de beber un vaso de agua fresca, de apretar la mano de un amigo, de contemplar un crepúsculo, de escuchar una melodia, de conocer la verdad, de creer en Dios, etcetera, revelan que una criatura humana esta triunfando en la consecucion de su objetivo principal: vivir, vivir sana y felizmente. Mi trabajo directo con personas y grupos me revela, sin embargo, que muchos de nosotros fracasamos en el logro de ese proposito vital. Hay muchos motivos para explicar tan grave fracaso. Los hay de tipo corporal, como dolor, enfermedad, invalidez, muerte. Otros son de indole psicologica, como soledad, abandono, incomprension, falta de autoestima, incongruencia personal, ansiedad, etcetera. Los de tipo espiritual resultan tan penosos como los anteriores: adios, resentimientos, deshonestidad y toda clase de pecados deliberados o conductas destructivas. El presente ensayo se refiere a este habito inconsciente de manifestar con palabras contrariedad, molestia, disgusto o pena por hechos considerados como negativos y en modo autodestructivo. Al lamentarse, la persona coloca bajo la lupa o el microscopio de su mente las conductas humanas, situaciones o acontecimientos percibidos o interpretados como realidades dañosas. Para animar a las personas a dejar de lamentarse, he encontrado el Coaching Cognitivo. En este enfoque del Coaching, tal como se hace en el counseling originado por Carl Rogers, son eliminados los consejos, recomendaciones y prohibiciones. Aparece como una oferta de herramientas que les ayuda a los counselors y counselors espirituales para refinar y perfeccionar su estilo no-directivo y su enfoque centrado en la persona.
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