Llegar y ponerse de rodillas. Fijar la mirada en un Pan blanco elevado sobre el altar. Y permanecer así, adorando... ¿Para qué? ¿Qué sentido tiene? ¿No sería más útil emplear nuestro tiempo y nuestras fuerzas en ayudar a alguien que nos necesite? En estas páginas, Romano Guardini profundiza en este misterio. Sin despegar su mirada de la Escritura, nos va introduciendo en el sentido de esta «práctica» en la que afirmamos la mayor verdad que puede expresar el hombre. «La adoración es el fundamento, el soporte, la bóveda, la esencia de la verdad: que Dios es Dios y el hombre es hombre», hasta el punto de poder afirmar que «de algún modo, todo depende de si en nuestra vida hay adoración o no la hay».
Romano Guardini (Verona, 1885 - Munich, 1968) inició estudios de Economía y Química en Tubinga, Munich y Berlín, y decidió ordenarse sacerdote. Se doctoró en Teología y en 1923 ganó la cátedra de Filosofía de la Religión en Berlín. Allí permaneció hasta que los nazis le obligaron a abandonarla en 1939. Enseñó en Tubinga y Munich hasta 1962. Sus numerosas obras siguen editándose en muchas lenguas.