Novela de agria fuerza, éste fue el juicio de Thomas Mann, gran admirador de Hermann Ungar , sobre Los mutilados (1923), una
danza de la muerte cuyo horror procede del realismo d ela acción, que no decae en ningún momento. Franz Polzer, empleado de
banco, atrapado durante décadas en una rutina mediocre y embrutecedora, se hospeda en casa de Klara Porges, una viuda
todavía joven que lo esclaviza. Karl Fanta, amigo de la infancia de Polzer, rico, cínico e inválido, y Sonntag, su enfermero, un religioso
exaltado y antiguo matarife, se instalan en casa de Klara Porges. Ungar nos presenta a estos personajes, con sus miedos y fantasías,
su codicia, su sadismo y su desamparo, con un estilo que combina la desgarradora fuerza del expresionismo con la impasible lucidez
del objetivismo.
Tres historias que exploran la intimidad, la memoria y las sombras que nos habitan
Hermann Ungar nació en 1893 en Boskovice, Moravia, en el seno de una familia judía. Estudió Orientalismo, Filosofía y Derecho en Berlín, Múnich y Praga. Tras la Primera Guerra Mundial, en la que fue herido gravemente, ejerció como abogado y más tarde fue director teatral. A partir de 1921 fue agregado comercial en la embajada de la antigua república de Checoslovaquia en Berlín, donde trató a Alfred Döblin y a Joseph Roth. Desligado del círculo formado en torno a Franz Kafka y Max Brod, murió en 1929 en un hospital de Praga. De su obra destacan el libro de relatos Chicos y asesinos y la novela La clase.