Traducida por primera vez al español, esta obra maestra de la tradición arcádica portuguesa encierra en sí misma un cúmulo de elementos sagrados y petrarquistas que sirven de vehículo a Tomás Antonio Gonzaga para plasmar, desde la cárcel, su desventurado amor por María Dorotea Joaquina de Seixas, quien pasaría como la más célebre de las Mirilias.
Tres historias que exploran la intimidad, la memoria y las sombras que nos habitan