No soy como piensas.
Jamás seré lo que esperas. Recuerda… la que manda soy yo.
Superé demasiadas adversidades: perdí a quienes amaba y la vida me obligó a escalar peldaños para sobrevivir.
No me arrepiento de ser quién soy, y mucho menos, lloraré por aquellos a quienes derribé en mi recorrido.
Tengo claro que el dolor de mis pérdidas es infinitamente superior al que he podido dejar atrás con la sangre que me he visto obligada a derramar.
Así que... no intentes detenerme. Ya no queda rastro de la dulce niña de papá.
¿Sabes por qué?
Porque a papá lo asesinaron, y ahora es su niña quien reclama venganza.