Desde los albores de la civilización, los seres humanos se han rodeado de aromas estimulantes y perfumes delicados. En los hogares de nuestros antepasados han quemado mezclas de inciensos y plantas aromáticas, maderas, cortezas flores y especies. Hoy sabemos que los extractos aromáticos, además de embriagar los sentidos y despertar de nuestro inconsciente, tienen la virtud de estimular la producción de neurotransmisores, así como algunas sustancias asociadas a los estados de ánimo positivos.