Con la publicación en 1992 de Velocidad de los jardines, que cumple su vigésimo quinto aniversario, nació un libro que ha trascendido a diferentes generaciones como lectura indispensable del cuento contemporáneo. Su autor subrayaba las existencias de unos personajes que se debaten entre la banalidad y el prodigio; constituyen el pretexto para levantar una escritura cargada de sabores y olores, allí donde la memoria de cada cual inventa sus jardines, trafica sensaciones, protagoniza sombras, puesto que en este libro rápido y lento, el lector no encontrará otra velocidad que la que el tiempo impulsa ni viaje más difícil que el regreso a los pupitres. Veinticinco años después, un mismo pero renovado Eloy Tizón confiesa en el prólogo: «Con este libro ha sucedido algo extraño. Lo tenía todo para ser olvidado y sin embargo, ya ves, no lo ha sido. Intentaste construirlo con materiales nobles, para que dure. Es una conspiración de los lectores; todo el mérito es suyo, de su constancia e interés. Has tenido mucha suerte, otros no han tenido tanta. Ahora lo ves lleno de tiempo. Pletórico de tiempo, otra vez nuevo».De Velocidad de los jardines se ha escrito:«Probablemente, el libro de narrativa breve más reverenciado en este país en los últimos veinte años y, sin duda, el más influyente. [ ] Velocidad de los jardi...
Tres historias que exploran la intimidad, la memoria y las sombras que nos habitan
(Madrid, 1964) ha publicado , entre otros, las novelas Seda salvaje, Labia, La voz cantante y los libros de relatos Velocidad de los jardines y Parpadeos.