Andres Ehrenhaus ha publicado en Grijalbo Monogatari y La seriedad en Mondadori. Acaba de aparecer en Paradiso este Tratar a Fang Lo, que es un buen exponente del estilo irónico y cada vez mas maduro
«Uno busca lleno de esperanzas el camino que los sueños prometieron a sus ansias», rezan los primeros versos de un famoso tango, pero las ansias nos despedazan. Aquí rompen a hablar individuos que do
Once son los relatos reunidos en este volumen bajo el título El hombre de lenguas. La escritura de Andrés Ehrenhaus se compone de relatos delirantes, imaginativos, lúdicos, absurdos, tan ciertamente inverosimiles que llegan a ser divertidos, de un humor a veces ingenuo, otras algo mordaz y que dejan traslucir un delicado-brutal aroma a humor negro. Pero eso no es todo, la provocacion de sus textos no solo esta dada por estas caracteristicas, sino por el modo en que conjuga relato y escritura. En el territorio de Ehrenhaus no existe una manera correcta o buena de escribir; simplemente existe la necesidad de decir, de contar, de hacer literatura en todas sus posibilidades y su libertad. Aqui el unico criterio valido es que todo es incorrecto, arbitrario, dudoso y refutable en la lengua, y mas en la literaria; en este lugar no hay autoridades fiables.
Hoy en día, cuando las tierras movedizas de la literatura hace ya mucho que están cimentadas, a todos sorprenderá la audacia de Andrés Ehrenhaus, un autor decidido a desconcertar al lector. La lectura de los cuentos aqui reunidos nos devuelve a esa instancia de la literatura en que el porque de lo contado esta en el contar mismo, un contar que nos divierte, conmueve, incita, desafia y triunfalmente desplanta. No busques en estas hojas nada, ninguna clave, ninguna pista, ningun indicio en ningun lugar, entre ninguna linea, en ninguna nota al pie o asterisco, en ningun doblez o transparencia, en ningun lapsus (esto esta en manos de correctores), no pierdas el tiempo rastreando nada porque no lo hay. La respuesta existe, sin duda, claro que existe, pero no esta aqui. Ni siquiera la tengo conmigo; no la llevo encima, por decirlo con propiedad. La respuesta esta a resguardo y solo le sera desvelada, con absoluta discrecion, a quien pague por conocerla. Hablo de dinero. Dinero, lector, ¡dinero!