Dicen que la mujer de Lot, al huir de Sodoma, cometió la imprudencia de mirar hacia atrás y, al instante, se convirtió en estatua. El autor de esta obra, sin miedo a que tal maldición pudiera caer sobre sus espaldas, se ha parado a contemplar el siglo XX y el resultado ha sido el libro que el lector tiene en las manos. Sin prisas se ha detenido en los siete momentos que le han parecido mas significativos: la resaca de la perdida de las colonias, la dictadura del general Primo de Rivera, la guerra civil, los inicios del franquismo, la decada de los cincuenta, la emigracion española por las ciudades de Europa en este caso, Paris y, ya en plena democracia, los años finiseculares. Los personajes que pueblan cada una de estas historias protagonistas y acompañantes aman, sufren y disfrutan el momento historico que les ha tocado vivir y, a traves de ellos, el lector tambien lo revive. Un estilo moderno y diafano ayuda a que cada uno de estos relatos pueda llegar a todo tipo de lector.
El autor sitúa la acción de esta novela en un pueblo imaginario —Nelda—, y en plena posguerra: verano de 1945. Ha terminado la Guerra Mundial en Europa —ocho de mayo de ese año— y en España, repartid
“Hoy, al cabo de varios meses, cuando he bajado a recoger la correspondencia, entre los recibos de agua, electricidad y teléfono y una montaña de publicidad, cada día más molesta y agresiva, he encon
Dicen que la mujer de Lot, al huir de Sodoma, cometió la imprudencia de mirar hacia atrás y, al instante, se convirtió en estatua. El autor de esta obra, sin miedo a que tal maldición pudiera caer sobre sus espaldas, se ha parado a contemplar el siglo XX y el resultado ha sido el libro que el lector tiene en las manos. Sin prisas se ha detenido en los siete momentos que le han parecido más significativos: la resaca de la pérdida de las colonias, la dictadura del general Primo de Rivera, la guerra civil, los inicios del franquismo, la década de los cincuenta, la emigración española por las ciudades de Europa —en este caso, París— y, ya en plena democracia, los años finiseculares. Los personajes que pueblan cada una de estas historias —protagonistas y acompañantes— aman, sufren y disfrutan el momento histórico que les ha tocado vivir y, a través de ellos, el lector también lo revive. Un estilo moderno y diáfano ayuda a que cada uno de estos relatos pueda llegar a todo tipo de lector.