Gabriel Miró se refería a Las cerezas del cementerio como su «primera novela», tras una década de publicar relatos, cuentos y estampas. Pero es mucho más dado que Las cerezas del cementerio contiene
La vicencia del paisaje y la evocación de personajes del Evangelio aparecen fundidas en Figuras de la Pasión del Señor, obra originalísima en la producción de un escritor de la talla de Gabriel Miró, que ha sido llamado gran poeta de la prosa. La obra de este gran autor, transida de fervor en la palabra, se ocupa casi constantemente de sensaciones (luces, colores, aromas, sonidos...) y tiene un sello personalisimo que, no obstante, lo relacionan con la estetica de la Biblia, con escritores misticos, con la sensibilidad modernista, el impresionismo y el paisajismo del 98 (Azorin principalmente). Como evocador moroso y de tempo retenido, a Miro se le emparenta con Marcel Proust, otro gran memoriador de vivires recordados.
Escribía el poeta Jorge Guillén: «cada día leemos nuestro evangelio, el Evangelio según san Gabriel, el del Humo dormido». En efecto, este libro fue crucial para la Generación del 27, como atest
Honda meditación sobre la vida de una sociedad cerrada en al que el amor, la intolerancia, la represión, la lucha por el poder y la soledad se entremezclan para darnos una penetrante visión de la con