Atormentado por la imagen de la cruz, angustiado por haber permitido semejante barbarie, Dios Padre decide hacerse hombre y probar en carne propia el calvario del Hijo. Sin embargo, su designio no es sufrir para redimirse del crimen, su designio es multiplicar el mal entre los hombres, convertir la antigua culpa en una gangrena progresiva. En esta, su tercer novela, Mazora retoma la problematica de su primera ficcion, Maria Magdalena condenada: ¿Como entender que una civilizacion haya aceptado la imagen del hijo crucificado, resignandose a la idea del abandono paterno, y que incluso haya sublimado semejante desamparo haciendo de la cruz un emblema de amor divino?
“No basta con arriesgar la vida por el prójimo, el amor exige, además, arriesgar por él la propia salvación”, leemos en el primer ensayo de este libro, dedicado a El espíritu del cristianismo y su de
El proyecto ético que Hegel desplegara en sus Principios de la Filosofía del Derecho contemplaba recuperar la bella totalidad de la polis griega -ideal juvenil al que nunca renunció- sin por ello negar al particular -y aqui la novedad de su concepcion etica madura- el legitimo derecho a una existencia libre y autonoma. Pero al desplegar el principio de la particularidad, nucleo del concepto de sociedad civil, su movimiento inmanente y necesario desemboco en crisis economicas estructurales, cuyos conflictos civiles amenazaban con infiltrarse en el campo politico, tornando ilusoria esa reconciliacion etica sustancial que Hegel esperaba del estado. Fue entonces que, para salvar su proyecto politico, incompatible con el antagonismo social que las crisis generan, las relego a un segundo plano conceptual y expositivo a contramano de sus propios principios metodologicos. En el presente trabajo, el autor propone llevar adelante una reconstruccion conceptual y expositiva de la sociedad civil, rescatando, por un lado, a las crisis economicas como su contradiccion dialectica inmanente y desechando, por otro, las determinaciones ajenas y extrañas a su racionalidad, determinaciones espurias sobre las que Hegel construyo la utopia de un estado que reconcilia sin fisuras los intereses particulares con los fines universales de la comunidad.