Los salmos son oración oficial de judíos y cristianos, compuestos durante un milenio por levitas de Sion (Jerusalén) y atribuidos a David. En hebreo se llaman tehilim y tefilim, alabanzas, oraciones, cantos de (para) Dios, por el mundo y los hombres. Los griegos los llamaron Salmos (Psalmoi), porque se cantaban con música de salterio (cítara, harpa). En momentos solemnes sonaban trompetas. En trances alegres se bailaban con tamboril y pandereta; en momentos tristes con viola antigua y voz quebrada Todos eran música hecha palabra, palabra hecha música. Hay salmos de amantes (shirim) y sabios (maskilim), lamentos, bendiciones, maldiciones, danzas de guerra, juego y perdón, elegías, ahogos, sollozos siempre de vida ante Dios. San Pablo, poco cantarín, pedía que llevemos cada uno a la misa o plegaria común un salmo nuestro o de la Biblia, que no cantemos siempre el mismo (1 Cor 14,26). Será tiempo de empezar. Para eso he compuesto este libro.
Xabier Pikaza Ibarrondo, nacido en 1941 en Orozko (Vizcaya), ha sido catedrático de la Universidad Pontificia de Salamanca de 1973 a 2003. Ha recibido el Premio Juan Andrés 2013, de la Universidad de Alicante, por su aportación al diálogo entre las religiones. Es autor, entre otros libros, de Ejercicio de amor. Recorrido por el Cántico espiritual de san Juan de la Cruz (2017), Los caminos adversos de Dios. Lectura de Job (2020) y coautor, junto a Vicente Haya, de Palabras originarias para entender a Jesús (2018).