El texto muestra cómo Jay Haley unifica distintos enfoques terapéuticos —como paradojas, intervenciones directas, reencuadres o desequilibrios— bajo el concepto de “ordalía”. Esta consiste en un ritual prescrito por el terapeuta que genera en el paciente una aflicción igual o mayor que la producida por el síntoma, con el objetivo de que este se comprometa a sostenerla hasta que el síntoma desaparezca. A través de una serie de casos clínicos, Haley demuestra que técnicas aparentemente opuestas pueden entenderse como variantes de esta misma lógica: imponer una experiencia más costosa que el problema, de modo que el cambio se vuelva la opción más viable.