Daniel Dilla (Burgos, 1978) es licenciado en Administración y Dirección de Empresas y graduado en Estudios Ingleses: Lengua, Literatura y Cultura. Obtuvo el premio de cuento de la Asociación Charles Bukowski (Universidad Carlos III, 1996) y el de relato corto sobre la vida de Richard Wagner (El País, 2013); fue finalista del premio EPrizes de escritura rápida en 2018 y del concurso del Día del Libro 2020 (GMP). También ganó el IV concurso de microrrelatos «Carmen Alborch» (Fundación Montemadrid, 2020) y el XIV premio de relato breve de Europe Direct Cáceres (2020). Mantiene el blog Taganana. Aunque desubicado en el mundo, vive en Madrid y comparte la custodia de una perra. Odiseo es su primera novela.
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Un perro frente a la puerta de un supermercado. Una dueña que jamás volverá a por él. Un hombre que, sin alternativa, vuelve a casa con el animal e inicia laescritura de un diario donde, como sucede en cualquier diario, lo que se piensa no es siempre lo que se escribe y lo que se escribe no siempre es verdad. ¿Somos la mirada de los demas o solamente lo que afirmamos ser?Odiseo, la opera prima de Daniel Dilla, es una novela sobre el trauma y la identidad, y sobre los recovecos poco iluminados que el pasado proyecta en el presente. Tambien sobre el tiempo, que azuza todas las vidas y, al mirarlas desde lejos, las reduce a algo minimo, casi ridiculo. Pero sobre todo es un libro que cuenta el viaje de ida y vuelta de un hombre y su compañero canino. Aunque en ocasiones se va, Odiseo hace honor a su nombre: siempre termina regresando a su Itaca de cojines, caricias y silencio.Y contra ese amor, el lugar comun. Cuantas veces escuche que un animal domestico imponia a su dueño una fatiga. Para aliviarla, el dueño debia mantener su rol de lider, aunque, en el ejercicio de esta ferula, yo detectaba mas bien maltrato. Los codigos severos de disciplina animal facilitaban la tarea y descanso del dueño, pues, reiterando su condicion firme de lider, le evitaban corregir y castigar a posteriori, con mas tiempo y desgaste, malas conductas. Este sistema penitenciario garantizaba tambien la felicidad del animal, como si el destino de cualquier cuadrupedo fuera agachar la cabeza y someterse a la disciplina de su amo. Asi lo argumentaba un colega de la oficina, traductor y sesenton igual que yo. Nunca supe si en verdad amaba o no a los perros. Para el, una hostia a tiempo lo arreglaba todo, y sospecho que no se referia solo a los animales.