El autor parece empeñado -y vemos que lo consigue- en desarrollar un auténtico ejercicio de estilo con el que mostrarnos el uso de, casi, todas las posibles voces de la novela, tal que siguiera el buen ensayo sobre el tema que publico en 1973 Oscar Tacca con el sello de Editorial Gredos. Pero enseguida nos demuestra que no para ahi su empeño, sino que, por medio de personajes y escenas, declara abiertamente sus preferencias y, sobre todo, su entusiasmo por la forma como preferente o superior sobre el fondo, en definitiva su -se nota- tremendo amor por la Literatura, llegando -pero solo en apariencia- a defender el desafuero de otra corriente literaria, el escribir por escribir.