Hoy, cuando en Irán se impone con la espada y el fuego el rígido monoteísmo koránico, este título, ANTOLOGÍA DE POETAS PERSAS, que reúne una colección de clásicos, viene a recordarnos que Persia, ese pueblo fenix, varias veces renacido de sus cenizas, ha creado una literatura que refleja fielmente los multiples avatares y vicisitudes, las alternativas de decadencia y esplendor, de su larga historia, y mantiene siempre, en medio de todo ese cambio circunstancial de caracteres exteriores, el caracter intimo, basico, de su psicologia colectiva, de su genio racial. Ese pueblo persa, de una vitalidad extraordinaria, ha cambiado varias veces de lengua y de nombre, y hasta, aparentemente, de religion, conservando siempre vivo su sentimiento nacional, bajo todos los disfraces, y su noble caracter de pueblo ario, caballeresco y mistico. Tambien su literatura, que sucesivamente se expresa en la antigua lengua zenda hermana del sanscrito, el armenio y los idiomas mas antiguos, en arabe, en pehlevi y, finalmente, en el persa moderno y sufre el influjo de griegos y semitas, por efectos de las conquistas de Alejandro y Omar, conserva siempre su sello distintivo, su aire noble, aristocratico, su idealismo, su heroica aspiracion al triunfo de la luz, del amor y de la verdad sobre las tinieblas, del bien sobre el mal en esta dramatica lucha de la existencia humana. Con estas premisas y con uno de los amplios estudios introductorios a los que nos tiene acostumbrados Rafael Cansinos Assens, nos introduce el insigne orientalista en el fascinante mundo de la poesia irania. La obra comienza con un fragmento del Zend-Avesta, que como la Iliada de Homero y la Biblia, no es la obra de un solo escritor, sino creacion colectiva, realizada por muchos autores y a lo largo de muchos siglos, una tradicion antiquisima que fija Zoroastro y sus discipulos amplian, y de la que arranca toda la literatura persa. Del siglo VII al VIII, se opera un eclipse total de todo lo persa, que se encubre con el disfraz arabe, y queda sofocado por el, hasta el punto de que el genio vernaculo no produce ninguna obra que, en ese terreno mimetico, descuelle y logre supervivencia. Ya en el s. X selecciona Cansinos a Rudegui, natural de Samarcanda; del s. XI a cantores de vena lirica, himnica o amatoria como Farruji o Katranu-eh-Chebel; del s. XII a Enveri y Jakani de Gancha, en colecciones de versos clasificadas en poesia religiosa, mistica, ditirambica y epica, descollando en esta ultima Firdusi (el Paradisiaco, s. X), para luego repasar a todos sus epigonos, deteniendose en algunos sobre los que reclama especial atencion el sevillano, como Nizami (s. XII) o Chami (s. XV). Del sufismo, fenomeno para Cansinos que se da siempre en todas las epocas de decadencia, cuando el hombre grande, incapacitado por las circunstancias para actuar como heroe, aspira a ser santo o se contenta con ser un mero gozador de la vida, en el plano de un sensual hedonismo, nos trae a un mistico puro, Sadi (s. XII), al esceptico Omar Jayyam (s. XII) y al alegre Hafiz (s. XIV). El juicio critico de Cansinos es tajante: Despues de Chami, ya no hay en Persia poetas verdaderos (con alguna excepcion), aunque todo el mundo es poeta. Surge esa poesia de circunstancias, que fue la plaga del siglo XVIII español, una epidemia psiquica que, entre nosotros, se prolonga hasta el siglo XIX, en que surgen los romanticos, que ya tienen algo nuevo y grande que decir, y que en Persia sigue haciendo estragos hasta mediados del s. XX. A lo largo de todas estas alternativas, de esos avatares o reencarnaciones, encuentra Cansinos que el pueblo iranio cambia de apariencia, de cuerpo, pero no de alma. Es siempre la suya, ya se exprese en zenda, en pehlevi, en persa mezclado de arabe o en persa moderno, la misma alma noble, apasionada, mistica, enamorada de la luz y la belleza, adoradora...
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