Gabriel Rufián nació en Santa Coloma de Gramenet un 8 de febrero de 1982. Lo vemos cada semana en un atril con traje y corbata, en conflicto constante, pero cuando acaba se va a su casa y no discute con nadie. Solo escucha. Siempre con una oreja en la calle. Piensa mientras sale a correr. Es obsesivo y memoriza, porque Anguita le dijo que un político tenía que estudiar siempre. No le gusta leer en el atril. Si cuando hablas con alguien le miras a la cara… ¿por qué tiene que ser diferente en el Congreso? Los datos están sobre la mesa: es el político más valorado en España y el más valorado en Catalunya. Tiene un millón de seguidores en X y ya no sabe ni cuántos en TikTok. Si ahora mismo se equivoca y teclea cuatro caracteres sin sentido en una red social, cosecha cientos de retuits en un par de minutos. Pero, en medio de todo eso, Rufián no está solo para comentar o inventar una realidad que no existe en redes, sino sobre todo para cambiar con leyes una realidad que no le gusta. Y, para eso, sabe que se necesita algo: llegar a más gente.