El gozo de las cosas sencillas, la angustia y soledad ante la muerte, el candor del recuerdo de los juegos infantiles ante las crestas montañosas y las duras e inclementes eras. Pero también la fría lluvia de otoño que golpea la puerta que calienta el hogar encendido, las frescas noches de verano en la plaza, el aroma especiado de la moraga que abrasa, la nieve ante la cueva y la nana en la cuna, los jaleos y palmas del baile Con"Desde mi atardecer, poemas y cantares", Alejandro Ruiz Morán hace memoria de una vida, tal vez la de todos, haciendo
gala de un hilar de versos que parecen beber directamente de la tradición de un Manrique lorquiano.