El lector encontrará en esta pequeña amalgama de Escritos esenciales una sencilla belleza que nada tiene que ver con la brillantez literaria ni con la fascinación narrativa, sino con la autenticidad de una vida entregada, con su credibilidad y confianza. Porque la fe de Teresa de Calcuta carecía por completo de medios materiales. Nada en ella obedeció a proyecto alguno previo, ni ella hizo otra cosa que seguir con fidelidad los pasos que Alguien le fue marcando. Jamás aludió a visiones especiales ni a voz alguna que le sugiriese lo que debía hacer. Lo fue descubriendo en una disponibilidad íntima de oración y en un constante discernimiento de los signos de los tiempos.
La Madre Teresa de Calcuta nació en Skopje, en la actual Macedonia, en 1910. En 1928 entró en la Orden de las Hermanas de Loreto, en Dublín, desde donde fue enviada a la India para iniciar su noviciado. Allí se dedicó a la enseñanza hasta el año 1948, en que abandonó la orden para fundar las Misioneras de la Caridad. Con la ayuda de las personas que formaron parte de su congregación, su esfuerzo para ayudar a los más pobres se extendió por el mundo entero. Recibió numerosos premios, entre los que se cuenta el Nobel de la Paz en 1979. Tras su muerte, en 1997, se abrió el proceso de canonización y fue beatiÅ cada en 2003.