Hay dolor social en el interior de la sociedad contemporánea, lo percibimos a través del odio como idea básica para destruir, opacar o disminuir al otro, en la voluntad que rige la conducta de todo aquel que no es pobre o carenciado y se siente omnipotente al obtener un empleo, cargo público, propiedad o bienes inmuebles superior a las posesiones del otro. Es un odio que busca residencia en el cuerpo del odiado para eliminarlo, fulminarlo y borrarlo del escenario, porque su existencia es una amenaza que se interpone en el camino, ya sea por demandar agua, servicios, espacios transitables o alimentos. Ese odio no es reconocido por el sujeto omnipotente, lo re-elabora como desprecio, tedio o displicencia ante todo aquello que, según su criterio, está fuera de lugar y estorba en el trayecto que debe recorrer, entonces, hay que alejarlo a confines donde no lo vea. El odio, hoy, transita sin pasaporte y sin semáforo que lo detenga, como el agua, está licuado en los medios de comunicación, en la desimbolización del lenguaje de guerra, en las canciones donde proliferan las amenazas, la invocación de la muerte y la destrucción del semejante. índice Camino del miedo y despojo Pablo Ormazabal A modo de introducción Evangelización al sur del salado Camino a Salinas El camino como memoria La percepción diversa de paisaje sobre las salinas Bajo las aguas Consideraciones finales La enfermedad y la muerte en el territorio rural
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