«En Jesucristo, el Logos ya no es el imperio de las ideas, los valores y las leyes, rigiendo la historia y fundando su sentido: Él mismo es historia. En la vida de Cristo lo fáctico no sólo coincide con lo normativo `de hecho`, sino `necesariamente`, porque el `hecho` es a la vez manifestación de Dios y prototipo humano de toda auténtica humanidad para Dios. Los hechos no son sólo un símbolo fenoménico de una doctrina que se esconde detrás, y que podría ser abstraída de ellos: son el sentido mismo, si se entienden en su hondura y totalidad. La vida histórica del Logos -a la que pertenecen su muerte y su resurrección y ascensión- es, como tal, el mundo peculiar de ideas que da norma a toda la Historia inmediatamente o por reducción, pero no desde una altura ahistórica, sino desde el centro vivo de la historia misma. Considerado desde la perspectiva suprema y más comprensiva, es el punto de origen de lo histórico en general, desde donde parte toda la historia, antes y después de Cristo, y en donde conserva su centro».
Hans Urs Von Baltasar (1905-1988) fue uno de los teólogos más importantes del siglo XX. Estudió en Viena y Zúrich pero será en Berlín donde recibe clases del teólogo Romano Guardini y entra en contacto con la filosofía de Kierkegaard. En 1928, cuando acaba sus estudios de literatura alemana, ingresa en la Compañía de Jesús. Veintidós años después abandona la orden y las autoridades religiosas le prohíben dar clases porque sus ideas no encajan con las formulaciones tradiciones de la Iglesia. Tras el Concilio vaticano II, al que no fue invitado, recibió un reconocimiento prácticamente unánime a su talla intelectual y funda con Henri de Lubac y Joseph Ratzinger la revista Communio.