Antonio Ordóñez (Madrid, 1987) firma como AtOLOnia para reconectar con el mundo mágico de su infancia. Ato, para los amigos, fue un niño que pasaba horas frente a un cuaderno de espiral y hojas cuadriculadas, dibujando los personajes de sus cómics favoritos e inventando los suyos propios. Al crecer, dejó el cómic y empezó a llevar una doble vida. Por las mañanas estudiaba Empresariales y Marketing en la universidad; por las tardes, podía encontrarse bailando breaking en el metro, haciendo teatro en un grupo universitario o llenando cuadernos con grafitis. Su formación artística nunca pasó por academias: se construyó a base de estudio, exploración, práctica constante y una necesidad genuina de expresarse.
El cómic regresó a su vida en 2015 como una forma natural de expresión, y desde entonces decidió abrazar plenamente la identidad de su alter ego, AtOLOnia. Esa trayectoria autodidacta, unida a su pasión por el dibujo y las historias, le permitió profesionalizarse en 2019 como ilustrador, sin renunciar a crear sus propias historias para niños.