La imagen popular de la Roma Antigua está llena de guerras, intrigas y sangrientos espectáculos del anfiteatro, pero los romanos eran también un pueblo que reía. La sonrisa o la burla hacían su aparicion en la calle, en la taberna, en las termas, en los banquetes, en los procesos electorales o judiciales e incluso ante la muerte. En Un Imperio de risas el lector conocera la vis comica del romano de a pie, pero tambien el humor de los personajes famosos.Los chistes y bromas se escribian en grafitis en la pared o en diversos objetos e incluso se incorporaban a los epitafios de las tumbas. Las anecdotas graciosas de los personajes notables se recogian en diversas recopilaciones y se incluia el humor en las biografias, a veces realmente estrafalarias, de los emperadores romanos. Los poemas burlescos provocaban la risa a costa del projimo. Pero lo mas cercano a nuestro mundo es el divertido libro denominado Filogelos, El amante de la risa, con 265 chistes recopilados en torno a los siglos IV-V d. C. en el que pululan toda clase de tipos ingeniosos.Entre otras experiencias, sufriremos y nos reiremos con los escolares y pseudointelectuales. Disfrutaremos con chistes escatologicos y verdes. Nos saldran al encuentro generales y soldados con sus bromas militares, medicos ineptos, falsos adivinos, peluqueros charlatanes, y abogados con sorna. Los romanos mas reputados nos mostraran su ingenio y su sarcasmo. El solemne Ciceron nos parecera un bufon y el belicoso Cesar, un hombre dotado para el chiste. Descubriremos que los emperadores romanos eran personas divertidas, pero tambien crueles. Como a los romanos les gustaba meterse con los defectos ajenos, nos reiremos de los feos, tuertos, narigudos, desdentados, calvos y canosos, personas bajitas o enormes, gente con mal aliento y tambien de los avaros, perezosos y glotones.En suma, una gran recopilacion de bromas y chistes de un humor, el romano, que unas veces nos causara extrañeza y otras nos parecera completamente nuestro.
Ver más