En el otoño de 1974, mientras los olmos desnudos ofrecían su intimidad a las ágiles manos de una brisa nocturna y la luna ungía con la tibia claridad de su misterio la profundidad de la noche, Nicolás Seyner soñó por primera vez el mar. Jamás había visto el intenso añil de los océanos, ni la arena suave y blanca concebida por el combate inmemorial de la tierra contra el agua. No conocía el mar, pero la espuma de su imaginación salpicó las orillas difusas de la realidad.
Un viaje sin límites hacia el corazón de una familia
«Hay familias que llevan años empapadas en gasolina bailando sobre un lecho de plásticos y papeles viejos sin que nadie, por pudor o por piedad, se anime a tirarles una cerilla encendida».
Lur Sotuela (Bilbao, 1978) vagabundea por el mundo durante su infancia y primera juventud acompañando a sus padres y vive en Varsovia, Lima o Katmandú, antes de instalarse en Madrid, ciudad en la que reside actualmente. Su obra, en la que confluyen todos los géneros literarios, ha sido traducida a varios idiomas.
Como poeta ha publicado, entre otros, La rebelión de las letras (Ibéricas, 2009), Los espejos salvajes (Vivelibro, 2012), Los cantos de Lorelei (Reino de Cordelia, 2013), Antifatum (Dalya, 2015), Una isla cualquiera (Nueva Visión Poesía, 2018), De grammatica animalis (El escondite, 2021) o La noche última (Ferragosto, 2022).
Su obra narrativa está jalonada por títulos como Crónicas de lo imposible (La Barraka, 2013), Alucinario (Eneida, 2014), El descubrimiento de la soledad (Barataria, 2014), Cartografía de un sueño (La Caja Books, 2019), así como su libro abismalmente híbrido Maldita literatura (Eneida, 2016), traducido al rumano y al portugués, y la presente novela La noche que maté a Harry Hansen (Velasco, 2023).
Lleva cuatro años construyendo con sus propias manos un velero al que ha llamado Irati y, durante todo este tiempo, está escribiendo un único y definitivo poema.