El niño que comía lana
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Sinopsis
Cuentos que se mueven entre lo macabro y lo irónico, entre la fábula y el esperpento, el crudo realismo y la fantasía más desaforada.
Un niño traumatizado por la desaparición de su cordero empieza a comer lana, que vomita en forma de bolas; un ama de cría sueña con emigrar a América mientras mantiene la leche utilizando a un perrito; a un marqués le proporcionan dentaduras postizas de dudosa procedencia; a un niño le extirpan las amígdalas, que acaban convertidas en trofeo; un náufrago logra sobrevivir gracias a un secreto inconfesable; una anciana toma una decisión inaudita tras la muerte de su marido; un oficinista selecciona por catálogo a una novia que al final resulta no ser la mujer con la que soñaba... Estos son algunos de los estrafalarios protagonistas de los jugosos cuentos reunidos en este volumen.
Moviéndose entre lo macabro y lo irónico, entre la fábula y el esperpento, el realismo más crudo y la fantasía más desaforada, estas historias son una excelente muestra del particular, inimitable y estimulante universo literario de Cristina Sánchez-Andrade. En ellas asoman la Galicia rural, la España profunda, los escenarios de sainete, los personajes estrambóticos y las situaciones imposibles. Aparecen la muerte, el sexo, la codicia, las ensoñaciones, los engaños y los desengaños, pero también algún que otro crimen, toques grotescos, pinceladas macabras y un humor peculiarísimo, descacharrante y a veces perturbador.
La autora, que ya dejó constancia de la potencia de su personal voz en estupendas novelas como Las Inviernas y Alguien bajo los párpados, demuestra aquí un dominio prodigioso de la distancia corta con relatos que seducen y sorprenden, llenos de giros inesperados. Cuentos deliciosamente perversos, inquietantemente divertidos, pérfidamente sugerentes.
Ficha Técnica
Editorial: Editorial Anagrama S.A.U.
ISBN: 9788433998873
Idioma: Castellano
Número de páginas: 216
Encuadernación: Tapa blanda
Fecha de lanzamiento: 16/12/2020
Año de edición: 2019
Especificaciones del producto
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Reseñas sobre El niño que comía lana
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4 Reseñas
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| hace 3 años
Una maravilla. La historia de la mujer que se entierra verticalmente es genial y me hizo reír mucho imaginando las escenas. Muy recomendable.
| hace 5 años
Inesperado, delicado y doloroso al mismo tiempo. Una maravilla.
| hace 5 años
Lectura muy interesante y recomendable.
| hace 5 años
El día antes de empezar el colegio volvió a aparecer en Marcela aquella mirada turbia y vacante. Por la noche vomitó, y aunque mi marido opinó que era mejor que la dejáramos unos días en casa yo me mostré firme el verano se había acabado para todos y nos gustase o no, también yo sentía aquella oscuridad viscosa de los últimos días de agosto trepándome por el estómago no nos quedaba más remedio que reanudar la rutina. No durmió bien y después de desayunar. Marcela rompió en un llanto manso. Era su última súplica pero al ver que no con seguía nada se puso la mochila y se marchó. Ese día su padre y yo lo pasamos pensando en ella Nada más llegar le preguntamos dónde había ido. Bien dijo. Respiramos tranquilos y nos sentamos a comer. ¿Has aprendido algo nuevo? le preguntó mi marido, se quedó pensativa. Luego fijó la vida en la cesta con los panecillos. Tomó uno de ellos y lo mordió. No dijo. ¿Nada de nada? quise saber yo. No pero la maestra llevó a una niña al baño y le lavó la boca con jabón dijo masticando sonoramente por algo que dijo ¿quién es? quise saber. Marcela guardó silencio. Se llama Petra dijo después de unos minutos. La profesora le lavó la boca y luego la mandó al despacho del director ¿Petra?se llama cómo yo? dije sorprendida. Tenía aquella mirada dura como el vidrio y qué es lo que dijo para que la profesora le lavadora la boca con jabón? Jesús menudo método. Pero ella dijo que prefería hablar de otar cosa. Al rato pidió permiso para levantarse y se marchó a su cuarto. Al día siguiente nada más llegar a casa le preguntarnos si había hecho amiguitos nuevos no si había jugado no si había aprendido algo no no había si había aprendido algo no no había hecho amigos ni jugado ni aprendido pero tenía hambre.... Un ligro muy entretenido para ver la vida de una niña.