Situado en la confluencia del romanticismo y el naturalismo, posee del primero el sentido del color y de la forma, el arte de manejar las palabras como sonidos e imágenes; del naturalismo, que prenunció, la objetividad, el respeto a la verdad de los hechos, un afán heroico y no siempre logrado de que su yo quedara fuera de la escritura.A tal espíritu corresponde Madame Bovary (1857), pieza maestra de la literatura novelesca francesa del siglo XIX, cuya vigencia no ha sufrido mella, como lo demuestran sus constantes reediciones y sus adaptaciones tanto teatrales como cinematográficas.
Tres historias que exploran la intimidad, la memoria y las sombras que nos habitan
Nació en 1821 en Ruan y desde muy joven comenzó a escribir relatos, novelas y piezas de teatro. En 1840 se matriculó en la Facultad de Derecho de París, aunque jamás concluyó sus estudios. En esos años se produjo también su primer acercamiento a los círculos literarios de la capital. Años más tarde regresó a la región de Ruan, donde viviría hasta su muerte, en 1880.