La analogía poética que propone Carlos Ortuño abarca desde la rutina cotidiana, con sus servidumbres tan frecuentemente incomprensibles, hasta las otras montañas que subimos sabiendo que habremos de caer: la vida misma, las ilusiones, a menudo el amor con su perfume de eternidad que tan pronto se evapora. Sin embargo, este Sísifo no renuncia a la ilusión, espera junto a su ventana a que venga la que tiene que venir aunque luego, al amanecer, se marche. Un Sísifo que añora los paisajes de los que se alejó y convive con los dolores ajenos, con la pérdida cotidiana de los demás, la de los familiares de los que ya no van a subir ninguna piedra. Como propone Camus en su particular interpretación del mito de Sísifo, aceptar el absurdo es la única manera de convivir con él sin alienarse.Carlos Salem