Una mañana de mayo de 1940, una mujer acaba de dar a luz. Es madre primeriza y la felicidad de ese prodigio la embarga: qué bello sería entregarse a esa placidez por estrenar. Fuera, sin embargo, el asedio de la realidad no cesa: bombardeos en serie y salvas de fuego, impactos que se mezclan, se confunden, y todo se amplifica, se torna caotico y parece sostenido por el intenso y ritmico tumulto de las sirenas. Asi es, los nazis estan invadiendo su pais, Belgica, y ella ha de unirse a los millones de exiliados que recorren los caminos en direccion a Francia: mujeres, niños y ancianos huyen de la guerra, escapan de las tropas enemigas y dejan pueblos y ciudades desiertas. La hemorragia posparto, su debilidad, de algun modo, atenuan, sofocan, lo que experimenta durante este exodo. Pero no atenuan ni sofocan la necesidad de proteger a su hija recien nacida: toda su atencion, toda su voluntad se dirigen hacia ese objetivo. Los soldados franceses, los habitantes de las aldeas donde hacen noche, sus compañeros de infortunio: de todos ellos seres asustadizos y a menudo egoistas, pero tambien sensibles y compasivos, unidos por el mismo desamparo ante la injusticia, la violencia y el dolor recibe ayuda. No es, en cualquier caso, la primera vez que emprende este viaje: en cada localidad, en cada parada, las imagenes evocan, como en una ensoñacion, otra huida, aquella de la infancia, en agosto de 1914, junto a sus padresUnica obra autobiografica de Madeleine Bourdouxhe, Bajo el puente Mirabeau es un relato real, como la Suite francesa de Irene Nemirovsky, que nos sumerge por completo en este viaje simbolico: la mujer, en su momento de mayor vulnerabilidad aun con las secuelas del parto, debe atravesar la oscuridad, dar a luz a la vida, a la plenitud Hay belleza a raudales en estas paginas, incluso en medio del lodo, incluso bajo las bombas. Entre tanto sufrimiento, la autora compone un alegato de dignidad y esperanza, una pieza magistral donde encontrar consuelo.
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